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La casa de muñecas de Petronella
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En Ámsterdam podemos ver una espectacular casa de muñecas, de hecho, una de las tres únicas casas de muñecas del siglo XVII que han llegado hasta nuestros días.  Perteneció a Petronella Oortman, quien vivió entre 1686 y 1705; costó casi tanto como una casa verdadera en uno de los canales de Ámsterdam en aquel momento. Muestra con gran detalle cómo era una casa de la rica burguesía; no era un juguete, porque en realidad en aquellos tiempos las casas de muñecas eran un pasatiempo y llegaron a ser objetos de colección que se guardaban en vitrinas.

Esta casa de muñecas se encuentra en el Rijksmuseum; todos los componentes están realizados exactamente a escala, como por ejemplo las porcelanas en miniatura, que  se ordenaron a China,  y la decoración de los interiores para la cual se contrató artistas verdaderos.

Las casas de muñecas del siglo XVII tenían más bien el aspecto de armarios; esta  mide 2.5 metros de alto y 1.89 metros de ancho, y el armario originariamente tenía cortinas. Esto se sabe por una pintura de Appel del año 1710 donde aparece la casa de muñecas cuyo interior se ha mantenido tal como está ahora, con la diferencia de que estaba habitada por más de veinte muñequitas a escala, de las que sólo queda un bebé.

Comencemos nuestro recorrido por el salón, la habitación más suntuosa de la casa; fue decorado por el muralista Nicolaes Piemont, quien pintó un único paisaje que se extiende ininterrumpidamente desde el suelo hasta el techo. Dos pinturas de Willem van Royen decoran la chimenea. Cuenta con once sillas de estilo español, una mesa de té plegable y un juego de Backgammon.

Párrafo aparte para la habitación del bebé: un verdadero lujo. Tiene un espejo con marco de bronce dorado, dos pinturas en las paredes y una pintura real en el techo; las ventanas están cubiertas con pantallas de seda decorada con loros.  Estas pantallas son únicas, ya que ninguna de tamaño natural ha llegado hasta nuestros días. Frente a la cama hay una silla para bebés, de mimbre, y una cuna.

Llama la atención una sala con las paredes todas cubiertas de telas bordadas; es llamada “la sala de tapices”.  Era común en aquella época revestir las paredes con tapices, pero sólo han llegado hasta nosotros en las casas de muñecas. En realidad esta sala estaba destinada a los velatorios, como se deduce de una pintura de Johannes Voorhout en la chimenea con una escena bíblica.  En la pintura de Appel se ve un niño muerto antes de sus funerales.

FotoVía: Rijskmuseum

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